Si tenéis una pyme en Jávea es muy fácil pensar que “eso del backup” es algo que ya se verá. Hasta que un día pasa: un archivo que desaparece, un ordenador que no arranca, un ransomware, un empleado que borra una carpeta sin querer o un fallo de luz que deja un disco tocado. Y ahí llega la frase más peligrosa del mundo: “creo que había copia…”
Un buen backup no es “tener un disco externo por ahí” ni confiar en que “la nube lo guarda todo”. Un buen backup es un sistema con tres cosas claras: qué se copia, cada cuánto, y cómo se recupera.
En este artículo os dejo una guía práctica, pensada para pymes, para que podáis montarlo bien o, como mínimo, saber si lo que tenéis ahora os protege de verdad.
Qué copiar: lo importante no es “todo”, es lo crítico
Cuando hablamos de backup en una empresa, el error típico es irse a extremos: o se intenta copiar “todo” sin criterio (y al final no funciona bien), o se copia solo “lo que me acuerdo” (y falta lo más importante). La forma correcta es pensar en procesos, no en archivos.
Datos que casi siempre hay que copiar sí o sí
En la mayoría de pymes, lo crítico suele estar aquí:
Documentos de trabajo y carpetas compartidas
Presupuestos, facturas, contratos, plantillas, proyectos, documentación de clientes, diseños, Excel “de los buenos”, etc.
Contabilidad y facturación
Programas de gestión, bases de datos locales, exportaciones, carpetas de trabajo del asesor… y ojo con los “programas viejos” que guardan datos en el ordenador de un solo usuario.
Correo y herramientas colaborativas
Si usáis Microsoft 365 o Google Workspace, que esté en la nube no significa que sea inmune a borrados, errores de sincronización o accesos indebidos. En muchos casos conviene tener un backup adicional de correo y archivos.
Bases de datos y aplicaciones clave
Si tenéis un ERP, CRM, TPV o software específico, hay que saber dónde guarda la información: puede ser en la nube, en un servidor, en un NAS o en un equipo local.
Configuraciones e infraestructura
Esto se olvida muchísimo: configuración del router/firewall, switches, puntos de acceso WiFi, centralita/VoIP, cámaras, usuarios… Si un día hay que reponer un equipo, recuperar la configuración ahorra horas (y dinero).
Lo que no suele merecer la pena copiar “como si fuera oro”
No todo tiene el mismo valor. Por ejemplo: descargas, cachés, temporales, programas que se reinstalan fácil, archivos duplicados o “por si acaso” que nadie usa. Se pueden incluir, sí, pero no deben quitar prioridad a lo crítico.
Regla rápida de pyme: lo que os costaría horas o días rehacer, eso entra en backup.
Cada cuánto copiar: depende de cuánto os duele perder
Aquí entran dos conceptos que conviene tener claros, sin ponerse técnico:
- RPO (Recovery Point Objective): cuánto podéis permitiros perder en datos.
Ejemplo: si hacéis ventas todo el día, perder 24 horas puede ser un problema serio. - RTO (Recovery Time Objective): cuánto tiempo podéis estar parados hasta recuperar.
Ejemplo: si vuestro TPV cae un sábado, el “tiempo de recuperación” importa mucho.
Frecuencias recomendadas
- Datos críticos del día a día: cada 1–4 horas o al menos diario.
- Carpetas compartidas/documentación: diario (y, si hay mucha edición, varias veces al día).
- Sistemas/servidores/NAS: diario, con histórico semanal/mensual.
- Configuraciones: tras cambios importantes + copia mensual.
No se trata de copiar “sin parar”, se trata de copiar con lógica: más frecuencia donde hay más actividad y más riesgo.
Dónde guardar las copias: el error más común es tener “una sola copia”
Una pyme suele empezar con “tengo un disco USB”. Eso no es backup sólido, porque si hay robo, incendio, sobretensión o ransomware, puede caer todo a la vez.
La regla más conocida (y más útil) es la 3-2-1, en versión simple:
- 3 copias de los datos (la original + 2 copias)
- en 2 soportes distintos (por ejemplo NAS + nube)
- con 1 copia fuera del local (nube o ubicación externa)
- Para una pyme en Jávea, lo típico que funciona bien es:
- Copia local rápida (NAS o servidor) para restaurar en minutos.
- Copia externa (nube) para cubrir robos, incendios, fallos graves o ransomware.
Y si vuestra actividad depende mucho de internet, aquí encaja el concepto de continuidad: no solo copiar datos, también asegurar que podéis seguir trabajando aunque haya una incidencia (por ejemplo, con conectividad alternativa o procedimientos claros).
Cómo comprobar que se puede recuperar
Esta es la parte más importante. Un backup que “dice que copia” pero no se prueba es como un extintor que nunca se revisa.
Prueba mínima mensual
Una vez al mes, haced esto:
- Elegid 3 archivos al azar.
- Restauradlos a una carpeta de prueba.
- Abridlos y verificad que están bien.
- Apuntad en una nota: fecha, qué se probó y resultado.
- Esto, solo con hacerlo, ya os pone por delante del 80% de pymes.
Prueba trimestral
Además de archivos, probad recuperar:
- Una carpeta completa de proyecto,
- Un buzón/correos (si aplica),
- Una base de datos/exportación del sistema de gestión.
Prueba anual
Simular un escenario real:
- “se ha roto el ordenador principal”
- “se ha cifrado la carpeta compartida”
- “se ha perdido el NAS”
Y comprobar cuánto tardáis en volver a operar. Es increíble lo que se descubre aquí: permisos que faltan, rutas que cambian, backups incompletos o copias que no incluyen lo que creíais.
Un backup no se presume, se prueba
En una pyme, el backup no es un lujo: es un seguro operativo. Y lo más importante no es “tener copias”, sino saber que podéis recuperar lo que os hace funcionar.
Si estáis en Jávea o alrededores y queréis que revisemos vuestro backup (o montemos uno bien planteado, con pruebas y alertas), lo hacemos con un enfoque sencillo y práctico: sin complicaros, pero dejando el negocio protegido.